Hay en este municipio huellas de su pasado prehispánico; así, el tagoror y restos de población en el Tarajal de Sancho y en el barranco de Gran Valle.
Es de interés, igualmente, la arquitectura doméstica, caracterizada antiguamente por la ausencia del color blanco, a fin de camuflar las viviendas en prevención de ataques exteriores.
En la arquitectura religiosa destaca la iglesia parroquial de San Migue!, en cuyo retablo mayor se reproducen escenas conmemorativas de la batalla de Tamacite.
La ermita de San Marcos, en Tiscamanita, es igualmente un punto de interés, por su carácter popular y en la que se nota la sobriedad no exenta de gracia de la influencia franciscana.