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Historia de Fuerteventura
22-08-2018

Desde tiempos muy remotos es sabida la existencia de la isla de Fuerteventura. Fenicios, griegos y romanos ya la conocían.

La isla de Fuerteventura ha tenido un papel en la historia de Canarias muy diferente su actual imagen de paraíso turístico, siendo hasta su redescubrimiento por parte de la incipiente industria turística de los años 60, poco más que un lugar donde se desterraba a los indeseables (el poeta y escritor Miguel de Unamuno fue exiliado aquí en 1924). Casi despoblada a principios de siglo, hoy en día es uno de los destinos más solicitados por los turistas de toda Europa.

Época prehispánica

La isla se conocía desde mucho antes que tuviera lugar la conquista castellana.  

Parece que los Griegos, Fenicios  y Romanos conocían las Islas Canarias (los romanos llamaban a Fuerteventura Planaria, por su ausencia de grandes elevaciones y Capraria, por la abundancia de cabras).

Hay discrepancia en la época de llegada de los primeros pobladores de Fuerteventura, y algunos expertos estiman que llegaron en el año 1.000 antes de cristo, pero los restos humanos más antiguos datados con el método de Carbono 14, dan una edad de unos 300 años antes de cristo. Su origen proviene de la zona nor-occidental de de África, y sus rasgos predominantes eran cromañoides y mediterranoides.

El motivo principal para la llegada de estos pioneros es la progresiva desertificación de sus lugares de origen, lo que les empujó a buscar nuevas tierras para instalarse, además de motivos de guerras y opresión en sus tierras de origen.

Lo que es una incógnita es el modo de llegar a las islas, ya que no queda ningún vestigio de las embarcaciones que pudieran haber utilizado. Parece ser que fue un Rey de Mauritania (Juba II, año 40 antes de Cristo), el que tuvo la iniciativa de incrementar la escasa población de las Islas Canarias.

En esta época se conocía a Fuerteventura como Erbania, que proviene de "Ar-Bani", que significa La Pared, en el idioma aborigen de Gran canaria, y que se refería al muro defensivo construido en la Península de Jandía y que separaba la isla en dos reinos enfrentados en guerras.

Los habitantes de Fuerteventura llamaban a su isla "Mahoh", que significaba en su idioma "Mi País". Era un pueblo noble, pacífico y justo, que se dedicaba al pastoreo, la agricultura y a la recogida de marisco y peces.

Antes de la conquista castellana de la isla de Fuerteventura se llevaron a cabo una serie de expediciones por parte de mallorquines, catalanes, andalusíes, vascos y portugueses, en asociación con genoveses, florentinos, venecianos y otros navegantes y comerciantes de la Península Italiana, que partieron principalmente de los puertos peninsulares.

Conquista Hispánica

En el momento de la conquista la isla estaba dividida en dos tribus aborígenes, unos seguidores del rey Guize y otros de Ayoze. Los territorios de estas tribus eran Maxorata (al norte) y Jandía (al sur), separados por una muralla, de la que aún se conservan restos, situada en el istmo de La Pared. El primer nombre de la isla, Herbania, hace referencia a esta muralla.

Más tarde, aparece la forma arcaica mahorero o majorero para denominar a los habitantes de la isla (término estrechamente relacionado con las cuevas que les sirvieron de morada: "majos" o "mohod"), así como los de Mahorato o Maxorata, invención culta y latinizante de la misma raíz acuñada para designar la tierra de los majoreros.

La conquista de la isla comienza en 1402, comandada por los normandos Jean de Bethencourt y Gadifer de la Salle, y afrontada solo por 63 marineros de los 283 iniciales, después de que tuvieran lugar numerosas deserciones. Tras llegar y asentarse en Lanzarote, la expedición lleva a cabo las primeras expediciones en Fuerteventura, entrando por el Puerto de la Peña (Ajuy). Fue Gadifer quien tomó la iniciativa de la conquista, afrontando numerosas dificultades, tras la partida de Bethencourt hacia la península para buscar el reconocimiento y apoyo del rey de Castilla. A su regreso se produce la ruptura de los socios y Gadifer abandonaba las islas.

A los pocos años (1405) Fuerteventura paso a ser un señorío dependiente del Rey de Castilla. Estos tres años que duró la conquista no fueron años de violencia y enfrentamientos, sino más bien de paulatina convivencia pacífica y acomodo entre los conquistadores y conquistados.

Los colonizadores se asentaron mayoritariamente en la Villa de Betancuria (fundada en honor de Bethencourt y convertida en capital de la isla) y alrededores. El primer recuento de población la cifra en unos 1200 habitantes, concentrados básicamente en la capital y sus alrededores. Los primeros asentamientos se situaron en el Valle de la Vega de Río Palmas y Bentancuria. A principios del siglo XVI aparecen otros nuevos en el Valle de Santa Inés, los Llanos de La Concepción y posteriormente en Antigua.

Post Conquista hasta el siglo XIX

Las frecuentes incursiones piratas que padeció la isla tenían como motivo el aprovisionamiento de agua y carne. Tan sólo tuvo carácter de invasión la capitaneada por Xabán de Arráez, en 1593; la isla quedó bajo dominio berberisco durante seis meses y, al finalizar éste, quedó destruida la capital y sus archivos. Ante el riesgo de posibles futuras incursiones se levantaron puntos de defensa como el del Barranco de la Torre, el de El Cotillo y la Caleta de Fustes.

Entre los siglos XV y XVI se producen diferentes ventas de los distintos señoríos y, a principios del siglo XVII, se consolida el Señorío de Fuerteventura con la casa de Arias y Saavedra, que, al igual que en la Península y el resto de las islas, se mantiene hasta la abolición de los señoríos por las Cortes de Cádiz.

El despegue económico de Fuerteventura se produce al final del siglo XVIII, con el inicio del comercio de la barrilla, la cochinilla, la orchilla, la cascarilla y el jicanejo, tras dos siglos de estéril esfuerzo centrado en la economía cerealista.

Durante los siglos XVIII y XIX se conocen años de hambruna, provocados por notables sequías en la isla; esto da lugar a emigraciones importantes: primero hacia Gran Canaria y Tenerife, y posteriormente hacia el continente Americano (Montevideo, Buenos Aires, México, Venezuela y Cuba).

Siglo XX hasta la actualidad

Hasta después de la Guerra Civil de 1936 se siguen roturando las tierras, realizando cadenas de piedras para evitar la erosión y aterrazando el suelo para cultivar. Se fomentan las actividades de intercambio comercial, haciendo de Puerto Cabras la capital insular, promoviéndose el desarrollo del norte y la creación del primer puerto mercantil. También se abre el puerto de Gran Tarajal, que favorece la producción y exportación del tomate.

En los años 70 se produce una profunda transformación económica y social en la isla a causa del turismo. La población del interior tiende a concentrarse cerca de las costas.

La capital pasó de Betencuria a La Oliva, y luego a La Antigua, y a finales del siglo pasado, se traslado a la costa, a Puerto de Cabras, al que en 1957 se le cambió el nombre por el de Puerto del Rosario.